Muchos se esfuerzan en imaginar y mejorar su ortografía para escribir, yo por el contrario me esforzado en vivir y lograr ser ese personaje de novela o de cuento, lo descubrí desde muy pequeño, cada que leía un cuento me convertía en aquel personaje que leía, en un caballero cuando leía Ivanhoe, en un viajero cuando leía los libros de viajes con fotos gigantes, en un niño conflictivo cuando leía novelas como Corazon, diario de un niño, o en un ave errante como en el libro la busqueda que en fotos en blanco y negro mostraba la libertad como un deseo y desde ahí empezaron a bosquejarse la historia de mis vidas, más que de mis personajes, cuando cumplí dieciséis años llegó a mis manos el libro de El Camino, de Kerouac y ahí entendí como podía conjugar cuanto quería hacer en tan sólo tres verbos, viajar, escribir y vivir, como decían ellos “más hotel, más camino, más destino” y este libro fue un ticket de no retorno, fue una lanzadera pues hizo que me diera cuenta de que podía con dinero o sin dinero hacer lo que sea, con el libro en las manos yo y mis amigos nos fuimos a la carretera a comprobar que era cierto eso que levantabas el dedo y te llevaban de aventón, autostop, hitch o hike o como sea, gracias a ese mágico poder fue que pude recorrer México y ese fue el tercer personaje que recuerdo, pues el primero fue el niño, el segundo el adolescente que sufría y empezaba a escribir que incluso tiene su propio libro poetico simbólico llamado “La Crisis de Eda” y este tercero era un viajero que buscaba cualquier pretexto para viajar por México, solo, con amigos, con pareja o a pesar de ella, ese tercer ser que fui me desplegó las alas y la consciencia pues mientras viajaba por México fui probando también todas las plantas de poder, drogas y sustancias que en aquellos años noventa estaban en los hongos de Huautla que estaban en las cimas de las montañas de Oaxaca, el peyote en el Wirikuta de San Luis Potosí, el opio en las montañas de la sierra en San José del Pacífico tambien en Oaxaca, y claro está la marihuana que abundaba en cada rincón de la nación, ese viajero místico poeta viajaba con una libreta solo o con amigos en la carretera dejando que el destino decidiera, he escrito algunas crónicas de ese época en Adicción y Mitzel, tengo cientos de poemas en maletas, cuadernos y muchos más perdidos o heredados al camino, el fin de este personaje o de esta época o de este ser sucedió en Maruata, en las playas de Michoacán, a mis diecinueve años ya vivía en la playa trabajando en la pesca en la mañana, vendiendo sustancias por la tarde y escribiendo el dia entero cuanto llegaba a mi cerebro, ahí pensé podía quedarme, sin embargo yo veía un destino más grande, me propuse ganar dinero para viajar más lejos, regrese a la ciudad, busque un trabajo de ventas y por consejos de los grandes empecé a trabajar como agente de seguros, yo quería algo temporal y poco a poco me fui dando cuenta el largo proceso que es crear una empresa, una cartera, una carrera, me perdí en el proceso, en el alcohol, la cocaina, las relaciones destructivas y el exceso, tanto que casi me muero, tenía éxito económico pero en realidad era un drogadicto enfermo que vivía 72 horas drogado despierto haciendo y perdiendo dinero y 24 horas durmiendo hasta que con apenas 25 años casi me muero, y me morí, maté esa vida, deje las drogas, la novia y la cartera y volví a intentar lograr mi sueño de vivir de escribir.
Cinco vidas después (niño, adolescente, poeta hippie viajero, adicto comerciante enfermo) entré en rehabilitación, volví a la escuela a la carrera de periodismo con el afán de vivir de las letras, ahí rencontré a mi amor no solo por las letras, sino por la radio, por la verdad, la honestidad, y el mayor hallazgo fue el periodismo de viaje, ya limpio y fuerte regrese a la carretera ahora con mi propio coche a recorrer México con el afan de crear crónicas para las revistas de las aerolineas y las de viaje, otra vez el proceso largo de hacer un nombre, una cartera, una carrera, una séptima vida, ya con los hallazgos de un adicto rehabilitado viajaba tres o cuatro meses del año por México y lo demás me la pasaba escribiendo de lo que vivía así como de periodismo financiero, de ahí sacaba el dinero para poder hacer lo que quería que eran los viajes y por los que no me pagaban casi nada, en algunas ocasiones me ofrecieron “viajes de familiarizacion” en el que íbamos un montón de reporteros a escribir un comercial del destino que planeaban ellos, ahí me di cuenta de que era distinto, que lo que a mi me gustaba era el camino y esto era crear comerciales, eso fue la grieta que me fue alejando del periodismo de viajes, me di cuenta de que los medios solo querían aquello que vendía, y con eso vino el crack de mi séptima vida y nació la octava la del emprendedor justo el día que murió Michael Jackson, recuerdo estaba en la playa despues de tomar una semana de lecciónnes de buceo para hacer un reportaje de dos páginas para vender la Riviera maya, veía el mar, mi vida haciendo comerciales por el otro lado el hacer los viajes que anhelaba, y el telefono sonaba diciéndome que yo que hiciera una página web, yo y las computadoras crecimos juntos, mi primer trabajo fue vender software para la Commodore 16 y la 64, y como aquella vez a mis quince años acepté y así nació el emprendedor de Contenidos Web, me di cuenta de que las empresas necesitarían como los de las revista de viaje gente que le hiciera contenidos para sus reportajes que en realidad eran comerciales, y así me metí en el mundo de la mercadotécnia y el marketing, la gente me decía que quería comprender como funcionaba la web y participar en ella y yo les daba clases y los metia en ella, mi octava vida como emprendedor nació en 2009 con el nacimiento de mi primer empresa y la sorpresa fue que acabé convertido en un workaholic, trabajaba de 7 de la mañana a nueve de la noche, y al llegar a la cama cai rendido hasta que un día me desperte a las dos de la mañana primero una hora, luego dos, luego tres y poco a poco pasé de dormir siete a seis, cinco, cuatro, tres horas, el cansancio, la maquina y el emprendimiento me condujeron al éxito pero casi enloquecido pedí auxilio, entonces me dijeron que debía aprender más de la empresa y hacer ejercicio, entonces volví a estudiar, ya no teatro, ya no letras, ya no periodismo, ya no radio, ya no marketing, ya no emprendimiento, si no dirección de empresas y ahí vino el crecimiento a la par que crecía mi cuenta, crecía mi empresa y mi resistencia, la ecuación era estudiar, trabajar, hacer pruebas de resistencia y con lo que ganaba viajar un fin de semana al mes y luego un mes en verano y otro en invierno, viajaba por México haciendo fondos, mediofondos y triatlones y por el mundo entero yendo a Japón, Australia, Nueva Zelanda y a Estados Unidos y Europa a conciertos de musica electrónica, ahí ya estaba casado, esa fue mi novena vida, todo iba bien hasta que un día arriesgue más de lo que podía tanto economica como vitalmente, cree un emprendimiento llamado End para que iniciara o terminara esta nueva época y terminó con una gran parte de mi economía, mi energía y mi empresa, esta vida de alto rendimiento me empezaba a pesar y por azares del destino llegue al Camino De Santiago, a peregrinar con solo una bicicleta, unas mochilas y mi pareja, ahí volví a escribir, ahí reencontré lo que había sido el inicio, el contacto con lo natural y el camino, regrese a México y escribí seguí hasta que nuevamente meses después en Nueva Zelanda me reencontré otra vez conmigo y el camino, silbando con las aves, con mi mujer quise ahí renacer, regrese a México y justo al bajar al avión mientras cruzaba el puente para llegar a la terminal sentí un vértigo, tomé a mi mujer, la vi a los ojos y le dije no quiero regresar, y ahí terminó la honeymoon y entré a la onceava vida la de Ultravelman, un ser que quedo encerrado en la pandemia y tuvo que reconformarse con lo que era, que regreso a las letras y al viaje y el amor a ellas hizo que tomara sus cosas y se fuera de viaje a media pandemia, escribió tres libros, uno de viajes por mexico, otro que narra este rompimiento nacimiento en un viaje en solitario durante treinta dias por mexico viajando y escribiendo llamado la vuelta a mexico a través de mis cambios y despues otro mas sobre el cambio de vida, siguió viajando con su pareja y esta decició que no quería dejar la ciudad ni la vida que tenian, así que hizo su maleta, tomo su bicicleta y se fue a recorrer Europa entera, pedaleo dos mil quinientos kilometros de Londres a Budapest, luego todavía con energía camino los 1000 del camino de Santiago, después se fue a Escocia a descansar y hacer el cost to coast y el el west highland way, reencontró el amor pero lo dejo una vez más y se fue por séptima vez a Japón, esta vez a hacer el Shikoku Henro, la peregrinación zen del despertar, ahí empezo a perder su identidad incluso ahora hablo en tercera persona, logró reiniciar, se fue luego a las Canarias, después a Mexico y hasta que llegó a Málaga y abrió una ventana viendo al mar supo que ahí se iba a quedar, fue a renacer como narciso en las montañas de sierra nevada, a crear sus nuevas lineas en la hoja blanca de la montaña, y se instalo a vivir en la costa mediterránea, desde aqui escribe sus memorias mientras bosqueja su doceava vida como emprendedor y artista multimedia, actualmente escribe poesías, crónicas sobre lo que ha sido su vida y crónicas para su nuevo emprendimiento, este nuevo ser soy yo: Edgardo Montero.
Muchos se esfuerzan en imaginar y mejorar su ortografía para escribir; yo, por el contrario, me he esforzado en vivir y lograr ser ese personaje de novela o de cuento. Lo descubrí desde muy pequeño: cada que leía un cuento me convertía en aquel personaje que leía; en un caballero cuando leía Ivanhoe, en un viajero cuando leía libros de viajes con fotos gigantes, en un niño conflictivo cuando leía novelas como Corazón, diario de un niño, o en un ave errante como en el libro La búsqueda, que en fotos en blanco y negro mostraba la libertad como un deseo. Y desde ahí empezaron a bosquejarse las historias de mis vidas, más que las de mis personajes.
Cuando cumplí dieciséis años llegó a mis manos el libro En el camino, de Kerouac, y ahí entendí cómo podía conjugar cuanto quería hacer en tan solo tres verbos: viajar, escribir y vivir. Como decían ellos: “más hotel, más camino, más destino”. Ese libro fue un ticket de no retorno, una lanzadera, pues hizo que me diera cuenta de que podía, con dinero o sin dinero, hacer lo que fuera. Con el libro en las manos, mis amigos y yo nos fuimos a la carretera a comprobar que era cierto eso de que levantabas el dedo y te llevaban de aventón: autostop, hitch o hike, o como sea.
Gracias a ese mágico poder pude recorrer México, y ese fue el tercer personaje que recuerdo, pues el primero fue el niño; el segundo, el adolescente que sufría y empezaba a escribir, que incluso tiene su propio libro poético simbólico llamado La Crisis de Eda; y este tercero era un viajero que buscaba cualquier pretexto para viajar por México, solo, con amigos, con pareja o a pesar de ella. Ese tercer ser me desplegó las alas y la conciencia, pues mientras viajaba por México fui probando también todas las plantas de poder, drogas y sustancias que en aquellos años noventa estaban en los hongos de Huautla, en las cimas de las montañas de Oaxaca; el peyote en Wirikuta, en San Luis Potosí; el opio en las montañas de la sierra, en San José del Pacífico, también en Oaxaca; y, claro está, la marihuana que abundaba en cada rincón de la nación.
Ese viajero místico poeta viajaba con una libreta, solo o con amigos, en la carretera, dejando que el destino decidiera. He escrito algunas crónicas de esa época en Adicción y Mitzel; tengo cientos de poemas en maletas, cuadernos y muchos más perdidos o heredados al camino.
El fin de este personaje, de esta época, de este ser, sucedió en Maruata, en las playas de Michoacán. A mis diecinueve años ya vivía en la playa, trabajando en la pesca en la mañana, vendiendo sustancias por la tarde y escribiendo el día entero cuanto llegaba a mi cerebro. Ahí pensé que podía quedarme; sin embargo, veía un destino más grande. Me propuse ganar dinero para viajar más lejos. Regresé a la ciudad, busqué un trabajo de ventas y, por consejos de los grandes, empecé a trabajar como agente de seguros. Yo quería algo temporal, y poco a poco me fui dando cuenta del largo proceso que es crear una empresa, una cartera, una carrera.
Me perdí en el proceso, en el alcohol, la cocaína, las relaciones destructivas y el exceso; tanto que casi me muero. Tenía éxito económico, pero en realidad era un drogadicto enfermo que vivía setenta y dos horas drogado, despierto, haciendo y perdiendo dinero, y veinticuatro horas durmiendo, hasta que, con apenas veinticinco años, casi me muero. Y me morí: maté esa vida, dejé las drogas, la novia y la cartera, y volví a intentar lograr mi sueño de vivir de escribir.
Cinco vidas después —niño, adolescente, poeta hippie viajero, adicto comerciante enfermo y renacido— entré en rehabilitación y volví a la escuela, a la carrera de periodismo, con el afán de vivir de las letras. Ahí reencontré mi amor no solo por las letras, sino por la radio, por la verdad, por la honestidad; y el mayor hallazgo fue el periodismo de viaje.
Ya limpio y fuerte, regresé a la carretera, ahora con mi propio coche, a recorrer México con el afán de crear crónicas para las revistas de las aerolíneas y las de viaje. Otra vez el proceso largo de hacer un nombre, una cartera, una carrera: una sexta vida. Con los hallazgos de un adicto rehabilitado, viajaba tres o cuatro meses del año por México, y lo demás me lo pasaba escribiendo de lo que vivía, así como de periodismo financiero. De ahí sacaba el dinero para poder hacer lo que quería, que eran los viajes, y por los que no me pagaban casi nada.
En algunas ocasiones me ofrecieron “viajes de familiarización”, en los que íbamos un montón de reporteros a escribir un comercial del destino que planeaban ellos. Ahí me di cuenta de que era distinto, que lo que a mí me gustaba era el camino y aquello era crear comerciales. Esa fue la grieta que me fue alejando del periodismo de viajes. Me di cuenta de que los medios solo querían aquello que vendía, y con eso vino el crack de mi sexta vida y nació la séptima: la del emprendedor, justo el día que murió Michael Jackson.
Recuerdo que estaba en la playa, después de tomar una semana de lecciones de buceo para hacer un reportaje de dos páginas para vender la Riviera Maya. Veía el mar, mi vida haciendo comerciales; por el otro lado, los viajes que anhelaba. Y el teléfono sonaba diciéndome que yo hiciera una página web. Yo y las computadoras crecimos juntos; mi primer trabajo fue vender software para la Commodore 16 y la 64, y, como aquella vez a mis quince años, acepté. Así nació el emprendedor de Contenidos Web.
Me di cuenta de que las empresas necesitarían, como las revistas de viaje, gente que les hiciera contenidos para sus reportajes, que en realidad eran comerciales; y así me metí en el mundo de la mercadotecnia y el marketing. La gente me decía que quería comprender cómo funcionaba la web y participar en ella, y yo les daba clases y los metía en ella. Mi séptima vida como emprendedor nació en 2009, con el nacimiento de mi primera empresa, y la sorpresa fue que acabé convertido en un workaholic. Trabajaba de siete de la mañana a nueve de la noche y, al llegar a la cama, caía rendido, hasta que un día me desperté a las dos de la mañana: primero una hora, luego dos, luego tres; y poco a poco pasé de dormir siete horas a seis, cinco, cuatro, tres. El cansancio, la máquina y el emprendimiento me condujeron al éxito, pero casi enloquecido pedí auxilio.
Entonces me dijeron que debía aprender más de la empresa y hacer ejercicio. Volví a estudiar: ya no teatro, ya no letras, ya no periodismo, ya no radio, ya no marketing, ya no emprendimiento, sino dirección de empresas. Y ahí vino el crecimiento; a la par que crecía mi cuenta, crecía mi empresa y mi resistencia. La ecuación era estudiar, trabajar, hacer pruebas de resistencia y, con lo que ganaba, viajar un fin de semana al mes, luego un mes en verano y otro en invierno.
Viajaba por México haciendo fondos, medios fondos y triatlones, y por el mundo entero yendo a Japón, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Europa, a conciertos de música electrónica. Ahí ya estaba casado: esa fue mi octava vida. Todo iba bien hasta que un día arriesgué más de lo que podía, tanto económica como vitalmente. Creé un emprendimiento llamado End para iniciar o terminar esta nueva época, y terminó con una gran parte de mi economía, mi energía y mi empresa.
Esta vida de alto rendimiento empezaba a pesarme y, por azares del destino, llegué al Camino de Santiago a peregrinar con solo una bicicleta, unas mochilas y mi pareja. Ahí volví a escribir; ahí reencontré lo que había sido el inicio: el contacto con lo natural y el camino. Regresé a México y seguí escribiendo, hasta que, meses después, en Nueva Zelanda, me reencontré otra vez conmigo y con el camino, silbando con las aves. Con mi mujer quise ahí renacer. Regresé a México y, justo al bajar del avión, mientras cruzaba el puente para llegar a la terminal, sentí un vértigo; tomé a mi mujer, la vi a los ojos y le dije: no quiero regresar. Y ahí terminó la honeymoon y entré en la novena vida: la de Ultravelman, un ser que quedó encerrado en la pandemia y tuvo que reconformarse con lo que era; que regresó a las letras y al viaje, y el amor por ellas hizo que tomara sus cosas y se fuera de viaje a media pandemia. Escribió tres libros: uno de viajes por México; otro que narra este rompimiento-nacimiento en un viaje en solitario durante treinta días por México, viajando y escribiendo, llamado La vuelta a México a través de mis cambios; y después otro más sobre el cambio de vida.
Siguió viajando con su pareja y esta decidió que no quería dejar la ciudad ni la vida que tenían; así que hizo su maleta, tomó su bicicleta y se fue a recorrer Europa entera. Pedaleó dos mil quinientos kilómetros de Londres a Budapest; luego, todavía con energía, caminó los mil del Camino de Santiago; después se fue a Escocia a descansar y hacer el Coast to Coast y el West Highland Way. Reencontró el amor, pero lo dejó una vez más y se fue por séptima vez a Japón, esta vez a hacer el Shikoku Henro, la peregrinación zen del despertar. Ahí empezó a perder su identidad; incluso ahora hablo en tercera persona.
Logró reiniciar. Se fue luego a las Canarias, después a México, hasta que llegó a Málaga y abrió una ventana viendo al mar y supo que ahí se iba a quedar. Fue a renacer como Narciso en las montañas de Sierra Nevada, a crear sus nuevas líneas en la hoja blanca de la montaña, y se instaló a vivir en la costa mediterránea.
Desde aquí escribe sus memorias mientras bosqueja su décima vida como emprendedor y artista multimedia. Actualmente escribe poesías, crónicas sobre lo que ha sido su vida y un documental para su nuevo emprendimiento turístico, poético: GoAndaluz.
Este nuevo ser soy yo: Edgardo Montero.
Cuadro de las vidas
Nº de vida Nombre / Etapa Rasgo central
1 El niño lector Se convierte en los personajes que lee
2 El adolescente escritor Crisis, primeros poemas, La Crisis de Eda
3 El viajero hippie místico Carretera, plantas de poder, crónicas iniciales
4 El comerciante adicto Éxito económico, exceso, caída
5 El renacido en rehabilitación Limpieza, regreso a las letras
6 El periodista de viajes Carretera profesional, grieta ética
7 El emprendedor digital Contenidos Web, marketing, workaholic
8 El empresario de alto rendimiento Dirección de empresas, resistencia, matrimonio
9 El peregrino en ruptura Camino de Santiago, quiebre vital
10 Ultravelman Pandemia, libros, Europa, Japón
11 El renacido mediterráneo Málaga, memoria, síntesis artística
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